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Marielos Amézquita
Amarillas o blancas, rojas o rosadas, gerberas, rosas,
margaritas, girasoles o azucenas, pero regala.
Cuando te cases, cuando tengas algo que celebrar, cuando
rías o llores, cuando camines por la ciudad, cuando el día este nublado,
soleado, gris o frío. Cuando caiga la nieve o se acerque la primavera…regala
flores.
Coloca una en tu cabeza, baila, ¡sé feliz!
Percibe su aroma, siente su frescura, toca sus pétalos y
solo obsérvala…
¿Te han regalado flores?
Deja que sequen, deja que el tiempo pase, que sus pétalos se
marchiten y busca un libro…un buen libro, de esos que te dejan algo, de esos
que quieres volver a leer una y otra vez , que te atrapan en su fascinante
historia. Entonces sí, guarda entre sus páginas llenas de magia los pétalos
marchitos. Lee el libro, encuentra los pétalos ¿recuerdas el día en que te regalaron
las flores?
Era una soleada tarde de verano, la brisa chocaba en tu
rostro y lo humedecía poco a poco, el sol iluminaba tu cara y se metía entre
tus rizos dorados sin pedir permiso, el viento movía suavemente aquel vestido
floreado. Cerrabas los ojos como queriendo detener el tiempo, como guardando en
tu mente esas sensaciones maravillosas que quizá no vuelvan a repetirse.
Al abrir los ojos, enfrente de ti un gran ramo de rosas
rosadas cubiertas por el rocío, que te causan gran sorpresa. Las pupilas se te
dilatan y los ojos se te humedecen y brillan, una sonrisa se te escapa de
aquellos labios rosa.
¿Sonreíste con ese recuerdo?
¡Regala flores! Para pedir perdón, para sanar, para mejorar
el alma y muchas veces el corazón.
Y si no te las regalan, regálatelas tú. Compra florecitas de
colores, disfrútalas, siéntelas, porque la vida es un ratito y a veces hay que
darse un gusto y ser feliz.
Pero por favor, no las regales cuando ya sea demasiado
tarde, cuando el velo de la muerte haya cubierto a esa persona especial, cuando
su rostro pálido ya no muestre ninguna expresión.
Cuando ya no sienta, cuando ya no pueda ver, sentir su maravilloso
aroma y sorprenderse con esa agradable sorpresa.
No las regales cuando la tumba vacía se llene con su cuerpo,
porque se marchitan, porque el tiempo las olvida y no perdona, porque ya no
estará ahí para sonreír, porque su recuerdo quedará, pero no pudiste darlas en
vida. ¡Por favor no las regales demasiado tarde!
“No sé qué tienen las flores
llorona, las flores del campo santo. No sé qué
tienen las flores llorona, las flores del campo santo. Que cuando las mueve el
viento llorona, parece que están llorando. Que cuando las mueve el viento llorona, parece que
están llorando.” Llorona-Chavela Vargas
Regala flores, conserva
momentos, haz feliz a alguien y sé feliz.
Regala flores para que tu
alma florezca y esos pequeños actos inunden tu corazón.
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