Totonicapán, si
muero lejos de ti,
quiero que el
frío de tu ambiente me
cale por última
vez los huesos, tu
llovizna de
celofán roce mi cara ya
pálida, que el
olor de los pinos y las
manzanas me
envuelva, y esos
ponchos
momostecos me arropen y
me hagan sentir
el calor de tu gente.
¡Ay Totonicapán, si muero lejos de ti!
Quiero llevar
grabada en mi retina la
imagen de tus
bellas montañas cubiertas
de frío, la
risa de las personas que felices
te reciben en
su pueblo.
Totonicapán, si
muero lejos de ti,
quiero escuchar
por últimas vez
“Mi Lindo
Totonicapán”, quiero
llevarme de ti,
el recuerdo de
Atanasio Tzul,
prócer de mí
ciudad, el
sonido de los riachuelos
que corren por
la montaña.
Si muero lejos
de ti, mi Totonicapán,
quiero que San
Miguel Arcángel me
lleve hacia
Dios.
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